Mientras escribo estas líneas, se acerca un aniversario más de la epopeya de Iquique y Punta Gruesa, la que en definitiva ganó la guerra para nosotros. Esta afirmación la hago considerando que militarmente, Chile sólo perdió una corbeta de madera, mientras que Perú perdió un acorazado que representaba casi la mitad de su poderío naval. Asimismo, permitió que un convoy con soldados y pertrechos llegase sano y salvo a Antofagasta, por entonces custodiada por una pequeña guanición que la había ocupado en febrero de 1879 para evitar el injusto remate de la compañía de ferrocarriles de la ciudad.
Esta es la consideración militar, pero no debemos perder de vista el impacto que causó en la sociedad chilena el sacrificio de Prat y la tripulación de la "Esmeralda", junto con la hazaña lograda por Condell y la "Covadonga". La sociedad entera se sintió con la obligación de defender y honrar el legado de Prat, defendiendo a su país hasta el final sabiendo que era una batalla perdida. Se creó un nuevo regimiento de infantería, que fue llamado "Esmeralda" en honor a la vieja corbeta. Se produjo una avalancha de voluntarios hacia los cuarteles del ejército buscando enrolarse y partir al norte de todos los sectores de la población: profesionales, peones de campo, mineros, niños inclusive que se escapaban de sus hogares para poder luchar por su Patria.
El espíritu de Prat y los suyos acompañó a las fuerzas armadas a lo largo del tortuoso camino de la guerra. Estuvo presente en Angamos, Dolores, Chorrillos, La Concepción y tantas batallas y encuentros en donde nuestra Nación salió victoriosa.
Esta es la consideración militar, pero no debemos perder de vista el impacto que causó en la sociedad chilena el sacrificio de Prat y la tripulación de la "Esmeralda", junto con la hazaña lograda por Condell y la "Covadonga". La sociedad entera se sintió con la obligación de defender y honrar el legado de Prat, defendiendo a su país hasta el final sabiendo que era una batalla perdida. Se creó un nuevo regimiento de infantería, que fue llamado "Esmeralda" en honor a la vieja corbeta. Se produjo una avalancha de voluntarios hacia los cuarteles del ejército buscando enrolarse y partir al norte de todos los sectores de la población: profesionales, peones de campo, mineros, niños inclusive que se escapaban de sus hogares para poder luchar por su Patria.
El espíritu de Prat y los suyos acompañó a las fuerzas armadas a lo largo del tortuoso camino de la guerra. Estuvo presente en Angamos, Dolores, Chorrillos, La Concepción y tantas batallas y encuentros en donde nuestra Nación salió victoriosa.
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