Thursday, 14 May 2009

¿Hermanos?

Me sorprende que Perú, Bolivia y Argentina se atrevan a llamarse hermanos nuestros. ¿Un hermano acaso, te hostiga, te hostiliza, busca desprestigiarte en el barrio?. Nuestros países limítrofes son el ejemplo de lo que NO HACE UN HERMANO.

Por ejemplo, aprovechando que nuestro gobierno tuvo la GENIAL idea de poner todos los huevos en una misma canasta, decidiendo tener a Argentina como único proveedor de gas, a pesar que los argentinos se caracterizan por no cumplir ni respetar tratados ni acuerdos si no les conviene (¿Se acuerdan de la frase insanablemente nulo, con respecto a la decisión arbitral sobre la soberanía del Beagle?). Pues bien, nuestro "hermano" incumplió unilateralmente el contrato suscrito rebajando la cantidad de gas suministrado, aprovechando su posición de poder que nosotros le dimos (único proveedor, ¿recuerdan?). El resultado fue el obvio, aumento de costos de producción y paralización de industrias por la consecuente falta de energía. Estuvimos ad portas del racionamiento energético, por Dios. ¿Quién me explica por qué diablos no los llevamos ante el Ciade, tal como ellos lo hicieron en el caso de la leche?. Simple, por la amenaza de cortar el gas inmediatamente si dicho procedimiento tomaba lugar. Fraternal matonaje.

Para qué vamos a hablar de Bolivia, que siempre nos culpa de sus calamidades. ¿No será que sus problemas son originados por el nivel escandaloso de corrupción, su alta tasa de analfabetización e inestabilidad política legendarias?.

Nuestro tercer "hermano", Perú, es un caso aparte. Recuerdo cómo, sin ningún empacho, Fujimori reconocía que la guerra contra Ecuador en 1995 le había salido casi gratis, puesto que ellos se armaban para hacer la guerra con Chile. Además, no pierde tiempo en hostilizarnos cada vez que tiene una oportunidad. Asimismo, existe la animadversión de Perú hacia Chile propia de un pueblo que siempre se ha visto derrotado siempre ante el otro, desde los incas vencidos por los araucanos, pasando por la deuda contraída con nosotros por debernos su libertad del yugo español, luego por unificarlos una vez eliminada la confederación de Santa Cruz que había dividido su territorio en dos, para luego caer en la Guerra del Pacífico, amén de la eterna pugna comercial entre los puertos del Callao y Valparaíso. En fin, resentimiento de perdedores, ¿no?.

Es hora que aprendamos que Chile no tiene "familia" en el continente, y que debemos estar siempre alerta.

Tuesday, 12 May 2009

Combate de Buin

El ejército restaurador comandado por el general Manuel Bulnes había salido de Lima en noviembre de 1838, debido a las noticias de que el mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz se aproximaba con un ejército superior en número, sumado a las bajas por enfermedades que diezmaban su tropa y la apatía reinante en la capital peruana. Así, el ejército chileno se embarcó con rumbo a Huacho, desde donde los heridos y enfermos fueron derivados a Trujillo y hacia Piura, mientras el resto de su ejército se dirigía hacia el valle de San Miguel, situado en el corredor de Huaylas, donde existían mayores probabilidades de igualar la diferencia de tropas entre un contingente y otro.

El autodenominado "Protector" Santa Cruz, habiendo entrado triunfalmente en Lima, eso sí luego que ésta fuese abandonada por Bulnes; se dedicó a apertrechar y reponer sus tropas, para luego seguir a los restauradores en su marcha al norte, buscando la ocasión propicia para obligar Bulnes a enfrentarse en una batalla a campo abierto donde fuese determinante el tener un ejército más numeroso.

Esta situación se mantuvo por más de un mes con una incesante marcha hacia el norte. Sin embargo, al acercarse el ejército confederado a su retaguardia, Bulnes se vio forzado a presentar batalla con ésta en las inmediaciones del río Buin el 6 de enero de 1839, mientras el grueso de su ejército proseguía su marcha hacia el norte.

En medio de una lluvia torrencial, desatada en la mañana, ambos comandantes dispusieron sus tropas en las riberas opuestas del ahora invadeable río.

Bulnes dispuso a sus batallones Carampangue, Valdivia y Portales en una línea a lo largo de la orilla del río, destacando a la compañía de cazadores del primero en el puente que cruzaba el río, debida a la vital importancia estratégica de éste para el desarrollo del combate.

Santa Cruz ordenó su ejército sobre el camino perpendicular al río, con la división del general Morán en la retaguardia a la cabeza del grueso de sus tropas, mientras la artillería del coronel Pareja apuntaba hacia el puente. Los tiradores de todas sus unidades fueron situados en los flancos.

Los fuegos se abrieron a eso de las tres de la tarde, con Pareja machacando el centro de la formación chilena mientras la infantería confederada se dirigía hacia el puente para tomarlo. Con lo que no contaba Santa Cruz era con el temple y coraje del puñado de chilenos a cargo del puente, comandados por el Subteniente Juan Colipí, quienes repelieron el ataque y mantuvieron en control del puente, de la misma manera que lo habían hecho unas semanas antes en Llacla.

El general Guarda es enviado con una división ligera contra el puente nuevamente, pero fue gravemente herido y su unidad repelida por el intenso fuego de fusilería de los batallones chilenos. Entretanto, Morán cargó directamente contra el Valdivia, situado en el flanco derecho restaurador.

Las tropas chilenas contenían exitosamente a un ejército bastante superior en número, lo que causó deseperación en las tropas cruceñas. Una compañía del Cazadores Nº 2 boliviano se arrojó resueltamente contra el río en un vano intento de cruzarlo, pereciendo casi todos ahogados al ser arrastrados por la corriente.

La vanguardia de Bulnes llegó al campo de batalla ya entrada la tarde, permitiendo relevar al ya sin municiones Valdivia con el Valparaíso, mientras que el Carampangue fue situado en la reserva. Las unidades chilenas repelen un nuevo intento enemigo, el cual se repliega. Desafortunadamente, Bulnes no pudo consolidar la ventaja obtenida por sus tropas, ya que Colipí cortó el puente cuando el ejército confederado se retiraba, evitando que el batallón Colchagua pudiese entrar en combate.

En recuerdo de esta hazaña, en 1851 se creó el Regimiento "Buin" 1º de Línea, unidad que conserva su nombre hasta hoy.

Batalla de Yungay

Luego de la victoria en el puente de Buin, el ejército restaurador se dirigió hacia San Miguel, para luego proseguir hasta Yungay. Santa Cruz, siguiendo de cerca a Bulnes, ocupó el pueblo del mismo nombre el 13 de enero.

Debido a la falta de suministros, Bulnes debía actuar rápido, por lo que resolvió atacar a su enemigo en este sitio y decidir el conflicto de una vez por todas.

La geografía del lugar está formada porel río Santa, los cerros Punyán y Pan de Azúcar y la quebrada por donde corre el río Ancash. En este lugar se decidiría el destino de la causa restauradora y el de la confederación.

Santa Cruz destacó a 600 soldados bajo las órdenes de Anselmo Quiroz en el Pan de Azúcar, a los costados de la quebrada del Ancash las divisiones de los generales Morán y Herrera, situando su artillería en el medio de su dispositivo defensivo y tras ésta la caballería.

Percibiendo el error de esta disposición, que dejaba las tropas enemigas en los cerros demasiado separadas del grueso de su ejército, Bulnes delinea un plan consistente en atacar estas posiciones cruceñas primero, para luego caer sobre el valle y la quebrada donde se situaba el resto de las tropas de Santa Cruz.

Al amanecer del 20 de enero, el ejército chileno se dirige hacia el frente. El batallón Aconcagua del coronel Silva es despachado hacia el Punyán, movimiento replicado por el envío del batallón peruano Ayacucho dirigido por el coronel Agustín Morales. Mientras las primeras unidades se baten decididamente, los batallones restauradores Huaylas, Portales y Valdivia se dirigen hacia el lugar, forzando al enemigo a replegarse, tomando la posición.

Habiendo asegurado el Punyán, Bulnes envía una columna de 400 soldados formada por compañías de otras unidades rumbo al Pan de Azúcar, donde son recibidos con un nutrido fuego y rodados de piedras, mientras los chilenos ascendían dificultosamente usando sus bayonetas y cuchillos para escalar por la empinada falda del cerro. Los refuerzos enviados por Santa Cruz en auxilio de sus tropas son interceptados por el batallón Colchagua, impidiéndoles el paso y condenando a Quiroz. A pesar de sufrir numerosas bajas, los chilenos llegan a la cumbre y literalmente aniquilan a todos sus defensores, incluyendo al mismo Quiroz. Esto tuvo una gran importancia estratégica, ya que en la cima del Punyán se dispuso la artilleria chilena del coronel Maturana, que comenzó a cañonear las posiciones confederadas en la ribera del Ancash.

Siendo ya dueños de ambas alturas, los restauradores marcharon para atacar el centro e izquierda confererados, defendidos por las divisiones de Morán y Herrera, respectivamente, situados en la ribera opuesta del río. La idea de Bulnes era realizar una carga frontal, por lo que sus tropas debieron cruzar el río bajo fuerte fuego enemigo , que disparaba protegido desde una línea de trincheras. Una vez que los chilenos cruzaron el río, fueron tiroteados a campo descubierto, siendo forzados a retroceder. Aprovechando este momento, el general boliviano Bermúdez lanzó su 3º de Bolivia contra el Portales, unidad que comenzó a retroceder rompiendo la línea chilena. viendo retroceder a la infantería restauradora, los soldados del protectorado salieron de sus posiciones para acabar con su enemigo en campo abierto, lo que sería su perdición.

Viendo que su línea de batalla se fracturaba, el general Bulnes se puso a la cabeza del Valparaíso y se dirigió hacia el Ancash, reforzando al Portales y evitando el colapso de sus tropas. De la misma manera, los batallones Santiago y Huaylas llegaron a fortelecer el flanco derecho restaurador, permitiendoles reagruparse y reanudar el ataque sobre las trincheras confederadas.

La caballería chilena de Fernando Baquedano fue atacada por su contraparte dirigida por Pérez de Urdinea, retirándose en un primer momento para luego volver al lugar y deshacer completamente las unidades de Urdinea. Obligado a retroceder, Urdinea se reagrupó junto con la infantería cruceña que trataba de volver a sus posiciones más protegidas, pero una nueva y decisiva carga de Baquedano hizo colapsar todo el flanco izquierdo enemigo, decidiendo el combate.

Santa Cruz vio como su ejército era desbandado y sableado por la caballería chilena, retirándose de campo de batalla y huyendo hacia Lima. Su sueño de establecer una Confederación quedaba deshecho para siempre.

Sunday, 10 May 2009

La Epopeya de Iquique y Punta Gruesa

La estrategia adoptada por el almirante Williams Rebolledo para subsanar su fracaso en atraer a la armada peruana a una batalla decisiva bloqueando Iquique, motivó que la Escuadra nacional pusiera proa hacia El Callao, buscando ahora sí forzar a su contraparte a combatir. Desafortunadamente para sus pretensiones, el monitor Huáscar, bajo el mando de Miguel Grau Seminario, quien además era el comandante de la flota peruana, y la Independencia, comandada por Juan Guillermo Moore salieron con rumbo al sur por alta mar, causando que ambas escuadras se cruzaran entre sí sin avistarse.

Antes de partir, Williams dejó custodiando la bahía de Iquique a dos viejas corbetas de madera, veteranas de la guerra contra España en 1866, la Esmeralda y la Covadonga, bajo las órdenes de Arturo Prat Chacón y de Carlos Condell de la Haza, respectivamente. La primera contaba con 20 cañones de 32 lbs., pero estaba en pésimo estado, con sus calderas casi inservibles, mientras que la segunda si bien estaba en mejores condiciones, sus 3 cañones de 40 lbs., sumados a 2 de 70 lbs. eran bastante más débiles que la artillería de los acorazados peruanos.

Para el 21 de mayo de 1879, el Huáscar y la Independencia arribaron a la rada de Iquique, encontrándose con sus disminuidas adversarias. El primero estaba armado con 2 imponentes cañones de 300 lbs., más otros 2 de 40 lbs.; mientras que su compañera contaba con 2 cañones de 150 lbs. más 14 cañones de 70 lbs. Prat, sabedor de que la Esmeralda no tenía posibilidad alguna de escapar, pronunció sus inmortales palabras, que harían eco en una Nación entera:
Muchachos, la contienda es desigual, pero ánimo y valor. Nuestra se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea ésta la ocasión de hacerlo. Por mi parte, os aseguro, que mientras yo viva, esta bandera flameará en su lugar, y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber. ¡Viva Chile!
Acto seguido, le ordenó a Condell, quien se había acercado con su navío para conferenciar, huir hacia el sur navegando próximo a la costa, buscando dividir a las fragatas peruanas. Tuvo éxito, ya que la Independencia salió en su persecución, mientras el Huáscar se quedó para enfrentarlo en un desigual combate.

Engañado por un reporte erróneo que advertía que la Esmeralda estaba armada con torpedos, Grau se limitó a cañonear a la vieja corbeta con el fin de hacerla pedazos. Sin embargo, Prat había deslizado su nave cerca de la costa, de tal manera que los artilleros peruanos, incomodados por la posibilidad de que sus proyectiles cayesen sobre el puerto, mostraron una pésima puntería, no acertando ni un solo tiro. Por el contrario, los artilleros chilenos mostraron ser bastante certeros, pero sus disparos apenas abollaron el blindaje del monitor.

Entretanto, Condell guiaba a la Covadonga por los bajos del litoral, siendo irresponsablemente seguido por Moore, a pesar de que su nave, con un calado mucho mayor, corría el serio riesgo de encallar. Sólo él sabe el porqué de su estrategia de intentar espolonear a la Covadonga, cuando todo lo que tenía que hacer era aprovechar su mayor andar, adelantársele un poco más separada de la costa y batirla a cañonazos. Pues bien, su necedad tuvo como resultado que su poderosa fragata encallase en Punta Gruesa, luego de lo cual fue rendida por los cañones de su pequeña contrincante. David había vencido a Goliat, y Perú perdía la mitad de su poderío naval, y la chance de disputar el dominio del mar.

En Iquique en tanto, las cosas no salían bien para la Esmeralda. Siendo acosada por un cañón emplazado en el puerto, se vio obligada a moverse a unos escasos dos nudos, advirtiendo a Grau del error del reporte que se le había hecho llegar. Resolvió este último entonces hundir a la corbeta a espolonazos. El primero, fue barajado por la Esmeralda al ofrecer un ángulo oblicuo al espolón, pero en el esfuerzo reventó su última caldera, y un cañonazo a quemarropa del monitor mató a 50 marineros. Este ataque fue aprovechado por Prat para saltar al abordaje del monitor enemigo, pero en el fragor del combate sólo fue escuchado por el sargento Aldea. Ambos murieron en la cubierta del Huáscar. El segundo espolonazo dio de lleno en la Esmeralda por estribor, pero ahora saltarían unos doce marineros bajo el mando de Ignacio Serrano con idéntico resultado. Un tercer y definitivo espolonazo terminaría de sellar la suerte de la Esmeralda, que se hundiría con su bandera al tope y con el guardiamarina Ernesto Riquelme disparando un último cañonazo cuando sólo sobresalía la popa. Habían transcurrido más de tres horas de desigual combate, y ambas embarcaciones chilenas habían sabido cumplir con su deber.

De la dotación de 198 marinos de la Esmeralda sólo sobrevivieron 59. Su sacrificio, unido a la sorprendente hazaña de Condell permitieron que el convoy con 2.500 soldados llegase sano y salvo a Antofagasta, y generó una vigorosidad y satisfacción por el heroísmo de sus hombres. Los mártires de Iquique dejaron señalado el camino a seguir para lograr la victoria final.