Thursday, 14 May 2009

¿Hermanos?

Me sorprende que Perú, Bolivia y Argentina se atrevan a llamarse hermanos nuestros. ¿Un hermano acaso, te hostiga, te hostiliza, busca desprestigiarte en el barrio?. Nuestros países limítrofes son el ejemplo de lo que NO HACE UN HERMANO.

Por ejemplo, aprovechando que nuestro gobierno tuvo la GENIAL idea de poner todos los huevos en una misma canasta, decidiendo tener a Argentina como único proveedor de gas, a pesar que los argentinos se caracterizan por no cumplir ni respetar tratados ni acuerdos si no les conviene (¿Se acuerdan de la frase insanablemente nulo, con respecto a la decisión arbitral sobre la soberanía del Beagle?). Pues bien, nuestro "hermano" incumplió unilateralmente el contrato suscrito rebajando la cantidad de gas suministrado, aprovechando su posición de poder que nosotros le dimos (único proveedor, ¿recuerdan?). El resultado fue el obvio, aumento de costos de producción y paralización de industrias por la consecuente falta de energía. Estuvimos ad portas del racionamiento energético, por Dios. ¿Quién me explica por qué diablos no los llevamos ante el Ciade, tal como ellos lo hicieron en el caso de la leche?. Simple, por la amenaza de cortar el gas inmediatamente si dicho procedimiento tomaba lugar. Fraternal matonaje.

Para qué vamos a hablar de Bolivia, que siempre nos culpa de sus calamidades. ¿No será que sus problemas son originados por el nivel escandaloso de corrupción, su alta tasa de analfabetización e inestabilidad política legendarias?.

Nuestro tercer "hermano", Perú, es un caso aparte. Recuerdo cómo, sin ningún empacho, Fujimori reconocía que la guerra contra Ecuador en 1995 le había salido casi gratis, puesto que ellos se armaban para hacer la guerra con Chile. Además, no pierde tiempo en hostilizarnos cada vez que tiene una oportunidad. Asimismo, existe la animadversión de Perú hacia Chile propia de un pueblo que siempre se ha visto derrotado siempre ante el otro, desde los incas vencidos por los araucanos, pasando por la deuda contraída con nosotros por debernos su libertad del yugo español, luego por unificarlos una vez eliminada la confederación de Santa Cruz que había dividido su territorio en dos, para luego caer en la Guerra del Pacífico, amén de la eterna pugna comercial entre los puertos del Callao y Valparaíso. En fin, resentimiento de perdedores, ¿no?.

Es hora que aprendamos que Chile no tiene "familia" en el continente, y que debemos estar siempre alerta.

Tuesday, 12 May 2009

Combate de Buin

El ejército restaurador comandado por el general Manuel Bulnes había salido de Lima en noviembre de 1838, debido a las noticias de que el mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz se aproximaba con un ejército superior en número, sumado a las bajas por enfermedades que diezmaban su tropa y la apatía reinante en la capital peruana. Así, el ejército chileno se embarcó con rumbo a Huacho, desde donde los heridos y enfermos fueron derivados a Trujillo y hacia Piura, mientras el resto de su ejército se dirigía hacia el valle de San Miguel, situado en el corredor de Huaylas, donde existían mayores probabilidades de igualar la diferencia de tropas entre un contingente y otro.

El autodenominado "Protector" Santa Cruz, habiendo entrado triunfalmente en Lima, eso sí luego que ésta fuese abandonada por Bulnes; se dedicó a apertrechar y reponer sus tropas, para luego seguir a los restauradores en su marcha al norte, buscando la ocasión propicia para obligar Bulnes a enfrentarse en una batalla a campo abierto donde fuese determinante el tener un ejército más numeroso.

Esta situación se mantuvo por más de un mes con una incesante marcha hacia el norte. Sin embargo, al acercarse el ejército confederado a su retaguardia, Bulnes se vio forzado a presentar batalla con ésta en las inmediaciones del río Buin el 6 de enero de 1839, mientras el grueso de su ejército proseguía su marcha hacia el norte.

En medio de una lluvia torrencial, desatada en la mañana, ambos comandantes dispusieron sus tropas en las riberas opuestas del ahora invadeable río.

Bulnes dispuso a sus batallones Carampangue, Valdivia y Portales en una línea a lo largo de la orilla del río, destacando a la compañía de cazadores del primero en el puente que cruzaba el río, debida a la vital importancia estratégica de éste para el desarrollo del combate.

Santa Cruz ordenó su ejército sobre el camino perpendicular al río, con la división del general Morán en la retaguardia a la cabeza del grueso de sus tropas, mientras la artillería del coronel Pareja apuntaba hacia el puente. Los tiradores de todas sus unidades fueron situados en los flancos.

Los fuegos se abrieron a eso de las tres de la tarde, con Pareja machacando el centro de la formación chilena mientras la infantería confederada se dirigía hacia el puente para tomarlo. Con lo que no contaba Santa Cruz era con el temple y coraje del puñado de chilenos a cargo del puente, comandados por el Subteniente Juan Colipí, quienes repelieron el ataque y mantuvieron en control del puente, de la misma manera que lo habían hecho unas semanas antes en Llacla.

El general Guarda es enviado con una división ligera contra el puente nuevamente, pero fue gravemente herido y su unidad repelida por el intenso fuego de fusilería de los batallones chilenos. Entretanto, Morán cargó directamente contra el Valdivia, situado en el flanco derecho restaurador.

Las tropas chilenas contenían exitosamente a un ejército bastante superior en número, lo que causó deseperación en las tropas cruceñas. Una compañía del Cazadores Nº 2 boliviano se arrojó resueltamente contra el río en un vano intento de cruzarlo, pereciendo casi todos ahogados al ser arrastrados por la corriente.

La vanguardia de Bulnes llegó al campo de batalla ya entrada la tarde, permitiendo relevar al ya sin municiones Valdivia con el Valparaíso, mientras que el Carampangue fue situado en la reserva. Las unidades chilenas repelen un nuevo intento enemigo, el cual se repliega. Desafortunadamente, Bulnes no pudo consolidar la ventaja obtenida por sus tropas, ya que Colipí cortó el puente cuando el ejército confederado se retiraba, evitando que el batallón Colchagua pudiese entrar en combate.

En recuerdo de esta hazaña, en 1851 se creó el Regimiento "Buin" 1º de Línea, unidad que conserva su nombre hasta hoy.

Batalla de Yungay

Luego de la victoria en el puente de Buin, el ejército restaurador se dirigió hacia San Miguel, para luego proseguir hasta Yungay. Santa Cruz, siguiendo de cerca a Bulnes, ocupó el pueblo del mismo nombre el 13 de enero.

Debido a la falta de suministros, Bulnes debía actuar rápido, por lo que resolvió atacar a su enemigo en este sitio y decidir el conflicto de una vez por todas.

La geografía del lugar está formada porel río Santa, los cerros Punyán y Pan de Azúcar y la quebrada por donde corre el río Ancash. En este lugar se decidiría el destino de la causa restauradora y el de la confederación.

Santa Cruz destacó a 600 soldados bajo las órdenes de Anselmo Quiroz en el Pan de Azúcar, a los costados de la quebrada del Ancash las divisiones de los generales Morán y Herrera, situando su artillería en el medio de su dispositivo defensivo y tras ésta la caballería.

Percibiendo el error de esta disposición, que dejaba las tropas enemigas en los cerros demasiado separadas del grueso de su ejército, Bulnes delinea un plan consistente en atacar estas posiciones cruceñas primero, para luego caer sobre el valle y la quebrada donde se situaba el resto de las tropas de Santa Cruz.

Al amanecer del 20 de enero, el ejército chileno se dirige hacia el frente. El batallón Aconcagua del coronel Silva es despachado hacia el Punyán, movimiento replicado por el envío del batallón peruano Ayacucho dirigido por el coronel Agustín Morales. Mientras las primeras unidades se baten decididamente, los batallones restauradores Huaylas, Portales y Valdivia se dirigen hacia el lugar, forzando al enemigo a replegarse, tomando la posición.

Habiendo asegurado el Punyán, Bulnes envía una columna de 400 soldados formada por compañías de otras unidades rumbo al Pan de Azúcar, donde son recibidos con un nutrido fuego y rodados de piedras, mientras los chilenos ascendían dificultosamente usando sus bayonetas y cuchillos para escalar por la empinada falda del cerro. Los refuerzos enviados por Santa Cruz en auxilio de sus tropas son interceptados por el batallón Colchagua, impidiéndoles el paso y condenando a Quiroz. A pesar de sufrir numerosas bajas, los chilenos llegan a la cumbre y literalmente aniquilan a todos sus defensores, incluyendo al mismo Quiroz. Esto tuvo una gran importancia estratégica, ya que en la cima del Punyán se dispuso la artilleria chilena del coronel Maturana, que comenzó a cañonear las posiciones confederadas en la ribera del Ancash.

Siendo ya dueños de ambas alturas, los restauradores marcharon para atacar el centro e izquierda confererados, defendidos por las divisiones de Morán y Herrera, respectivamente, situados en la ribera opuesta del río. La idea de Bulnes era realizar una carga frontal, por lo que sus tropas debieron cruzar el río bajo fuerte fuego enemigo , que disparaba protegido desde una línea de trincheras. Una vez que los chilenos cruzaron el río, fueron tiroteados a campo descubierto, siendo forzados a retroceder. Aprovechando este momento, el general boliviano Bermúdez lanzó su 3º de Bolivia contra el Portales, unidad que comenzó a retroceder rompiendo la línea chilena. viendo retroceder a la infantería restauradora, los soldados del protectorado salieron de sus posiciones para acabar con su enemigo en campo abierto, lo que sería su perdición.

Viendo que su línea de batalla se fracturaba, el general Bulnes se puso a la cabeza del Valparaíso y se dirigió hacia el Ancash, reforzando al Portales y evitando el colapso de sus tropas. De la misma manera, los batallones Santiago y Huaylas llegaron a fortelecer el flanco derecho restaurador, permitiendoles reagruparse y reanudar el ataque sobre las trincheras confederadas.

La caballería chilena de Fernando Baquedano fue atacada por su contraparte dirigida por Pérez de Urdinea, retirándose en un primer momento para luego volver al lugar y deshacer completamente las unidades de Urdinea. Obligado a retroceder, Urdinea se reagrupó junto con la infantería cruceña que trataba de volver a sus posiciones más protegidas, pero una nueva y decisiva carga de Baquedano hizo colapsar todo el flanco izquierdo enemigo, decidiendo el combate.

Santa Cruz vio como su ejército era desbandado y sableado por la caballería chilena, retirándose de campo de batalla y huyendo hacia Lima. Su sueño de establecer una Confederación quedaba deshecho para siempre.

Sunday, 10 May 2009

La Epopeya de Iquique y Punta Gruesa

La estrategia adoptada por el almirante Williams Rebolledo para subsanar su fracaso en atraer a la armada peruana a una batalla decisiva bloqueando Iquique, motivó que la Escuadra nacional pusiera proa hacia El Callao, buscando ahora sí forzar a su contraparte a combatir. Desafortunadamente para sus pretensiones, el monitor Huáscar, bajo el mando de Miguel Grau Seminario, quien además era el comandante de la flota peruana, y la Independencia, comandada por Juan Guillermo Moore salieron con rumbo al sur por alta mar, causando que ambas escuadras se cruzaran entre sí sin avistarse.

Antes de partir, Williams dejó custodiando la bahía de Iquique a dos viejas corbetas de madera, veteranas de la guerra contra España en 1866, la Esmeralda y la Covadonga, bajo las órdenes de Arturo Prat Chacón y de Carlos Condell de la Haza, respectivamente. La primera contaba con 20 cañones de 32 lbs., pero estaba en pésimo estado, con sus calderas casi inservibles, mientras que la segunda si bien estaba en mejores condiciones, sus 3 cañones de 40 lbs., sumados a 2 de 70 lbs. eran bastante más débiles que la artillería de los acorazados peruanos.

Para el 21 de mayo de 1879, el Huáscar y la Independencia arribaron a la rada de Iquique, encontrándose con sus disminuidas adversarias. El primero estaba armado con 2 imponentes cañones de 300 lbs., más otros 2 de 40 lbs.; mientras que su compañera contaba con 2 cañones de 150 lbs. más 14 cañones de 70 lbs. Prat, sabedor de que la Esmeralda no tenía posibilidad alguna de escapar, pronunció sus inmortales palabras, que harían eco en una Nación entera:
Muchachos, la contienda es desigual, pero ánimo y valor. Nuestra se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo y espero que no sea ésta la ocasión de hacerlo. Por mi parte, os aseguro, que mientras yo viva, esta bandera flameará en su lugar, y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber. ¡Viva Chile!
Acto seguido, le ordenó a Condell, quien se había acercado con su navío para conferenciar, huir hacia el sur navegando próximo a la costa, buscando dividir a las fragatas peruanas. Tuvo éxito, ya que la Independencia salió en su persecución, mientras el Huáscar se quedó para enfrentarlo en un desigual combate.

Engañado por un reporte erróneo que advertía que la Esmeralda estaba armada con torpedos, Grau se limitó a cañonear a la vieja corbeta con el fin de hacerla pedazos. Sin embargo, Prat había deslizado su nave cerca de la costa, de tal manera que los artilleros peruanos, incomodados por la posibilidad de que sus proyectiles cayesen sobre el puerto, mostraron una pésima puntería, no acertando ni un solo tiro. Por el contrario, los artilleros chilenos mostraron ser bastante certeros, pero sus disparos apenas abollaron el blindaje del monitor.

Entretanto, Condell guiaba a la Covadonga por los bajos del litoral, siendo irresponsablemente seguido por Moore, a pesar de que su nave, con un calado mucho mayor, corría el serio riesgo de encallar. Sólo él sabe el porqué de su estrategia de intentar espolonear a la Covadonga, cuando todo lo que tenía que hacer era aprovechar su mayor andar, adelantársele un poco más separada de la costa y batirla a cañonazos. Pues bien, su necedad tuvo como resultado que su poderosa fragata encallase en Punta Gruesa, luego de lo cual fue rendida por los cañones de su pequeña contrincante. David había vencido a Goliat, y Perú perdía la mitad de su poderío naval, y la chance de disputar el dominio del mar.

En Iquique en tanto, las cosas no salían bien para la Esmeralda. Siendo acosada por un cañón emplazado en el puerto, se vio obligada a moverse a unos escasos dos nudos, advirtiendo a Grau del error del reporte que se le había hecho llegar. Resolvió este último entonces hundir a la corbeta a espolonazos. El primero, fue barajado por la Esmeralda al ofrecer un ángulo oblicuo al espolón, pero en el esfuerzo reventó su última caldera, y un cañonazo a quemarropa del monitor mató a 50 marineros. Este ataque fue aprovechado por Prat para saltar al abordaje del monitor enemigo, pero en el fragor del combate sólo fue escuchado por el sargento Aldea. Ambos murieron en la cubierta del Huáscar. El segundo espolonazo dio de lleno en la Esmeralda por estribor, pero ahora saltarían unos doce marineros bajo el mando de Ignacio Serrano con idéntico resultado. Un tercer y definitivo espolonazo terminaría de sellar la suerte de la Esmeralda, que se hundiría con su bandera al tope y con el guardiamarina Ernesto Riquelme disparando un último cañonazo cuando sólo sobresalía la popa. Habían transcurrido más de tres horas de desigual combate, y ambas embarcaciones chilenas habían sabido cumplir con su deber.

De la dotación de 198 marinos de la Esmeralda sólo sobrevivieron 59. Su sacrificio, unido a la sorprendente hazaña de Condell permitieron que el convoy con 2.500 soldados llegase sano y salvo a Antofagasta, y generó una vigorosidad y satisfacción por el heroísmo de sus hombres. Los mártires de Iquique dejaron señalado el camino a seguir para lograr la victoria final.

Saturday, 9 May 2009

La Alianza llega a su fin

Luego del éxito de la campaña de Tarapacá, Chile consolidaba su dominio sobre la región en disputa con Bolivia que había causado la guerra. Por lo mismo, el gobierno de Aníbal Pinto no tenía mayor interés en proseguir con el conflicto. Sin embargo, los resultados negativos para los aliados habían creado gran agitación social en sus países, resultando en la deposición tanto de Prado en Perú como de Daza en Bolivia. Fueron reemplazados respectivamente por Nicolás de Piérola y por el general Narciso Campero, quien quedó como comandante en jefe de las fuerzas aliadas.

Chile, viendo que los nuevos gobernantes no tenían intención alguna de terminar con el conflicto, comenzó a preparar una nueva campaña, esta vez dirigida contra el ahora departamento meridional de Perú, el de Moquegua.

Dos expediciones son llevadas a cabo entre diciembre de 1879 y febrero de 1880, esta última transportando un contingente de 10.000 efectivos. Sin embargo, no todo era miel sobre hojuelas para los chilenos. Debido a innumerables discusiones con el Ministro Sotomayor, Escala presenta su renuncia indeclinable en marzo. Esta crisis en el mando fue subsanada con el nombramiento del general Manuel Baquedano como comandante en jefe del ejército, debido a que inspiraba mucho respeto y disciplina y era muy apreciado por las tropas.

Bajo su mando, los chilenos obtienen otra victoria sobre los aliados, esta vez en la batalla de Los Ángeles, el 22 de marzo. Luego de esta victoria, el ejército nacional comienza a desplazarse hacia el sur, específicamente hacia Tacna. Luego de una penosa marcha a través de los contrafuertes cordilleranos, los chilenos se encontraban a unos kilómetros de la ciudad para mediados de mayo. El 20 del mismo mes, Chile hubo de lamentar la muerte de uno de sus mejores hombres, el Ministro Rafael Sotomayor, organizador incansable a quien se le debía gran parte del éxito chileno.

En las afueras de Tacna, aguardaban unos 10.500 aliados bajo las órdenes de Campero. En la noche del 25, el enemigo intentó sorprender a nuestro ejército en Quebrada Honda, pero se perdió en la oscuridad de la noche y la camanchaca, perdiendo horas de sueño vitales para lo que acontecería al día siguiente.

El plan de batalla chileno era bastante simple. Consistía en atacar la línea de batalla enemiga uniformemente a lo largo de ésta, para así impedir el envío de refuerzos desde un punto a otro. Baquedano dispuso en la primera línea a las divisiones primera y segunda de los coroneles Santiago Amengual y Francisco Barceló, tras las cuales se formaron la tercera división del coronel Amunátegui y la cuarta del coronel Orozimbo Barbosa. Tras estas unidades estaba la reserva dirigida por el coronel Mauricio Muñoz, mientras que la caballería fue dividida y colocada a ambos costados de la formación.

Campero dividió su frente de batalla en una doble línea dividida en tres sectores, el izquierdo a cargo de Eleodoro Camacho, el derecho dirigido por Lizardo Montero y el centro bajo las órdenes de Miquel Castro Pinto.

Al amanecer del 26, la artillería de ambos bandos inició un estéril fuego cruzado ya que estaban lejos del alcance de sus cañones, y los proyectiles se enterraban en la arena sin explotar. A eso de las nueve de la mañana, la primera línea chilena se dirige al frente, con Amengual marchando contra el sector de Camacho, mientras Barceló hizo lo propio hacia las líneas de Castro Pinto.

Lamentablemente, no se logró atacar simultáneamente las líneas enemigas, ya que Amengual atacó primero haciendo fuego a medida que marchaba su división hacia el frente. Barceló atacó de la misma manera, pero esta descordinación permitió a Campero enviar refuerzos desde el sector de Montero. Se trabó combate entre las unidades mencionadas, disparándose sin cesar. Cuando las divisiones chilenas agotaron sus municiones, se vieron forzadas a retroceder. Quizás siendo este movimiento malinterpretado como una retirada general, Camacho ordenó salir a sus tropas de sus posiciones para perseguir e intentar acabar con las unidades chilenas. Esta acción causó muchas bajas chilenas, pero abandonaron su posición protegida por el talud natural de la meseta, además de que su avance no fue seguido por Castro Pinto, por lo que la línea aliada perdía cohesión.

Baquedano ordena el avance de la división de Amunátegui en apoyo de las unidades en retirada, pero antes, una carga de caballería chilena es repelida, mas logra detener la persecución de los aliados. La artillería chilena hizo el resto diezmando a las ahora desprotegidas tropas.

Campero envía como refuerzo a las unidades élite que tenía, los batallones Colorados y Aroma, los que reanudan el ataque contra las divisiones chilenas faltas de municiones. Pero todo cambiaría con el arribo de la Tercera División y las tan necesitadas municiones, las que permitieron un reordenamiento chileno y la reanudación del ataque sobre los aliados.

Además, la Cuarta División de Barboza se deja caer sobre el debilitado sector de Montero, generando la presión simultánea que se había planeado inicialmente. Ante el empuje y ferocidad del ataque chileno, el centro de Castro Pinto terminó por ceder, fracturando el frente aliado. Entretanto, en el flanco derecho chileno, las divisiones primera y tercera cogieron las adelantadas unidades aliadas en un fuego cruzado que las aniquiló en menos de una hora. Ahora sí que la batalla estaba decidida para las armas chilenas. Barboza toma también el flanco derecho aliado, apoderándose de la artillería apostada en el lugar. La retirada aliada es ahora general, luego de seis horas de tenaz lucha por ambos bandos.

Luego de cañonear la ciudad para evitar emboscadas, el coronel Santiago Amengual entró en la vencida ciudad a las seis de la tarde. Antes, los despojos del ejército boliviano se retiraban hacia el altiplano, mientras que los restos de su símil peruano se retiraba hacia el norte. Bolivia, el causante de la guerra, abandonaba el conflicto para no volver jamás a él, ni acudir en auxilio alguno de su otrora aliado, que quedó abandonado a su suerte. Nueve meses ás tarde, las tropas chilenas marcharían triunfantes por las calles de la Ciudad de los Virreyes
.

El soldado chileno

Desde las guerras por la independencia de la corona española, Chile ha luchado innumerables batallas donde el común denominador es la valentía y la gallardía de sus soldados.

Casi siempre provenientes de las clases bajas de nuestra sociedad, los soldados eran por lo general campesinos, peones o estibadores, etc. Sin embargo, el chileno supo sobreponerse a las más duras adversidades y salir siempre airoso. Por algo el lema de nuestro ejército es Siempre Vencedor, Jamás Vencido.

Una prueba de esto es el mote con el que siempre buscan denostarnos tanto Perú como Bolivia: Rotos. Este apodo viene de la Guerra contra la Confederación Perú Boliviana, donde el contingente chileno mal apertrechado y alimentado, tenía para el final de la campaña su uniforme convertido en harapos, o mejor dicho, estaba "roto". No obstante, esos mismos rotos dirigidos por el General Manuel Bulnes les hicieron morder el polvo y saborear la amargura de la derrota en acciones como Llacla, Buin y Yungay. Rotos, y a mucha honra.

Cuarenta años después, estos tres países se volverían a enfrentar, esta vez por las riquezas de Atacama. Nuevamente el soldado chileno demostraría su valor. Pero, esta vez el contingente del ejército estaría compuesto no sólo por las clases bajas, sino que por miembros de todos los estamentos de la sociedad, como el regimiento Esmeralda, apodado como sus pares como los pijes, ya que varios de sus miembros venían de familias acomodadas.

Una característica del chileno a lo largo de la historia militar de nuestro país es la tendencia a resistir hasta el final sin dar pie atrás, demostrado en Tarapacá, La Concepción, Miraflores, Sangra, La Oroya y Huamachuco, por nombrar algunos enfrentamientos donde la adversidad no hizo mella en su corazón. Esta quizás es herencia de los araucanos, pueblo indómito que no fue subyugado ni por los incas ni por los españoles.

Este intenta ser un pequeño homenaje a aquellos que no son nombrados casi nunca, pero que nos dieron de forma anónima un ejemplo a seguir y a los que les debemos tanto.

Aniversario de Iquique

Mientras escribo estas líneas, se acerca un aniversario más de la epopeya de Iquique y Punta Gruesa, la que en definitiva ganó la guerra para nosotros. Esta afirmación la hago considerando que militarmente, Chile sólo perdió una corbeta de madera, mientras que Perú perdió un acorazado que representaba casi la mitad de su poderío naval. Asimismo, permitió que un convoy con soldados y pertrechos llegase sano y salvo a Antofagasta, por entonces custodiada por una pequeña guanición que la había ocupado en febrero de 1879 para evitar el injusto remate de la compañía de ferrocarriles de la ciudad.

Esta es la consideración militar, pero no debemos perder de vista el impacto que causó en la sociedad chilena el sacrificio de Prat y la tripulación de la "Esmeralda", junto con la hazaña lograda por Condell y la "Covadonga". La sociedad entera se sintió con la obligación de defender y honrar el legado de Prat, defendiendo a su país hasta el final sabiendo que era una batalla perdida. Se creó un nuevo regimiento de infantería, que fue llamado "Esmeralda" en honor a la vieja corbeta. Se produjo una avalancha de voluntarios hacia los cuarteles del ejército buscando enrolarse y partir al norte de todos los sectores de la población: profesionales, peones de campo, mineros, niños inclusive que se escapaban de sus hogares para poder luchar por su Patria.

El espíritu de Prat y los suyos acompañó a las fuerzas armadas a lo largo del tortuoso camino de la guerra. Estuvo presente en Angamos, Dolores, Chorrillos, La Concepción y tantas batallas y encuentros en donde nuestra Nación salió victoriosa.

Posteo de Bienvenida

Hola, los invito a participar de mi blog, el cual está iniciado para recordar a aquellos que supieron defender a nuestra Patria.