Desde las guerras por la independencia de la corona española, Chile ha luchado innumerables batallas donde el común denominador es la valentía y la gallardía de sus soldados.
Casi siempre provenientes de las clases bajas de nuestra sociedad, los soldados eran por lo general campesinos, peones o estibadores, etc. Sin embargo, el chileno supo sobreponerse a las más duras adversidades y salir siempre airoso. Por algo el lema de nuestro ejército es Siempre Vencedor, Jamás Vencido.
Una prueba de esto es el mote con el que siempre buscan denostarnos tanto Perú como Bolivia: Rotos. Este apodo viene de la Guerra contra la Confederación Perú Boliviana, donde el contingente chileno mal apertrechado y alimentado, tenía para el final de la campaña su uniforme convertido en harapos, o mejor dicho, estaba "roto". No obstante, esos mismos rotos dirigidos por el General Manuel Bulnes les hicieron morder el polvo y saborear la amargura de la derrota en acciones como Llacla, Buin y Yungay. Rotos, y a mucha honra.
Cuarenta años después, estos tres países se volverían a enfrentar, esta vez por las riquezas de Atacama. Nuevamente el soldado chileno demostraría su valor. Pero, esta vez el contingente del ejército estaría compuesto no sólo por las clases bajas, sino que por miembros de todos los estamentos de la sociedad, como el regimiento Esmeralda, apodado como sus pares como los pijes, ya que varios de sus miembros venían de familias acomodadas.
Una característica del chileno a lo largo de la historia militar de nuestro país es la tendencia a resistir hasta el final sin dar pie atrás, demostrado en Tarapacá, La Concepción, Miraflores, Sangra, La Oroya y Huamachuco, por nombrar algunos enfrentamientos donde la adversidad no hizo mella en su corazón. Esta quizás es herencia de los araucanos, pueblo indómito que no fue subyugado ni por los incas ni por los españoles.
Este intenta ser un pequeño homenaje a aquellos que no son nombrados casi nunca, pero que nos dieron de forma anónima un ejemplo a seguir y a los que les debemos tanto.
Casi siempre provenientes de las clases bajas de nuestra sociedad, los soldados eran por lo general campesinos, peones o estibadores, etc. Sin embargo, el chileno supo sobreponerse a las más duras adversidades y salir siempre airoso. Por algo el lema de nuestro ejército es Siempre Vencedor, Jamás Vencido.
Una prueba de esto es el mote con el que siempre buscan denostarnos tanto Perú como Bolivia: Rotos. Este apodo viene de la Guerra contra la Confederación Perú Boliviana, donde el contingente chileno mal apertrechado y alimentado, tenía para el final de la campaña su uniforme convertido en harapos, o mejor dicho, estaba "roto". No obstante, esos mismos rotos dirigidos por el General Manuel Bulnes les hicieron morder el polvo y saborear la amargura de la derrota en acciones como Llacla, Buin y Yungay. Rotos, y a mucha honra.
Cuarenta años después, estos tres países se volverían a enfrentar, esta vez por las riquezas de Atacama. Nuevamente el soldado chileno demostraría su valor. Pero, esta vez el contingente del ejército estaría compuesto no sólo por las clases bajas, sino que por miembros de todos los estamentos de la sociedad, como el regimiento Esmeralda, apodado como sus pares como los pijes, ya que varios de sus miembros venían de familias acomodadas.
Una característica del chileno a lo largo de la historia militar de nuestro país es la tendencia a resistir hasta el final sin dar pie atrás, demostrado en Tarapacá, La Concepción, Miraflores, Sangra, La Oroya y Huamachuco, por nombrar algunos enfrentamientos donde la adversidad no hizo mella en su corazón. Esta quizás es herencia de los araucanos, pueblo indómito que no fue subyugado ni por los incas ni por los españoles.
Este intenta ser un pequeño homenaje a aquellos que no son nombrados casi nunca, pero que nos dieron de forma anónima un ejemplo a seguir y a los que les debemos tanto.
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