El ejército restaurador comandado por el general Manuel Bulnes había salido de Lima en noviembre de 1838, debido a las noticias de que el mariscal boliviano Andrés de Santa Cruz se aproximaba con un ejército superior en número, sumado a las bajas por enfermedades que diezmaban su tropa y la apatía reinante en la capital peruana. Así, el ejército chileno se embarcó con rumbo a Huacho, desde donde los heridos y enfermos fueron derivados a Trujillo y hacia Piura, mientras el resto de su ejército se dirigía hacia el valle de San Miguel, situado en el corredor de Huaylas, donde existían mayores probabilidades de igualar la diferencia de tropas entre un contingente y otro.
El autodenominado "Protector" Santa Cruz, habiendo entrado triunfalmente en Lima, eso sí luego que ésta fuese abandonada por Bulnes; se dedicó a apertrechar y reponer sus tropas, para luego seguir a los restauradores en su marcha al norte, buscando la ocasión propicia para obligar Bulnes a enfrentarse en una batalla a campo abierto donde fuese determinante el tener un ejército más numeroso.
Esta situación se mantuvo por más de un mes con una incesante marcha hacia el norte. Sin embargo, al acercarse el ejército confederado a su retaguardia, Bulnes se vio forzado a presentar batalla con ésta en las inmediaciones del río Buin el 6 de enero de 1839, mientras el grueso de su ejército proseguía su marcha hacia el norte.
En medio de una lluvia torrencial, desatada en la mañana, ambos comandantes dispusieron sus tropas en las riberas opuestas del ahora invadeable río.
Bulnes dispuso a sus batallones Carampangue, Valdivia y Portales en una línea a lo largo de la orilla del río, destacando a la compañía de cazadores del primero en el puente que cruzaba el río, debida a la vital importancia estratégica de éste para el desarrollo del combate.
Santa Cruz ordenó su ejército sobre el camino perpendicular al río, con la división del general Morán en la retaguardia a la cabeza del grueso de sus tropas, mientras la artillería del coronel Pareja apuntaba hacia el puente. Los tiradores de todas sus unidades fueron situados en los flancos.
Los fuegos se abrieron a eso de las tres de la tarde, con Pareja machacando el centro de la formación chilena mientras la infantería confederada se dirigía hacia el puente para tomarlo. Con lo que no contaba Santa Cruz era con el temple y coraje del puñado de chilenos a cargo del puente, comandados por el Subteniente Juan Colipí, quienes repelieron el ataque y mantuvieron en control del puente, de la misma manera que lo habían hecho unas semanas antes en Llacla.
El general Guarda es enviado con una división ligera contra el puente nuevamente, pero fue gravemente herido y su unidad repelida por el intenso fuego de fusilería de los batallones chilenos. Entretanto, Morán cargó directamente contra el Valdivia, situado en el flanco derecho restaurador.
Las tropas chilenas contenían exitosamente a un ejército bastante superior en número, lo que causó deseperación en las tropas cruceñas. Una compañía del Cazadores Nº 2 boliviano se arrojó resueltamente contra el río en un vano intento de cruzarlo, pereciendo casi todos ahogados al ser arrastrados por la corriente.
La vanguardia de Bulnes llegó al campo de batalla ya entrada la tarde, permitiendo relevar al ya sin municiones Valdivia con el Valparaíso, mientras que el Carampangue fue situado en la reserva. Las unidades chilenas repelen un nuevo intento enemigo, el cual se repliega. Desafortunadamente, Bulnes no pudo consolidar la ventaja obtenida por sus tropas, ya que Colipí cortó el puente cuando el ejército confederado se retiraba, evitando que el batallón Colchagua pudiese entrar en combate.
En recuerdo de esta hazaña, en 1851 se creó el Regimiento "Buin" 1º de Línea, unidad que conserva su nombre hasta hoy.
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