Saturday, 9 May 2009

La Alianza llega a su fin

Luego del éxito de la campaña de Tarapacá, Chile consolidaba su dominio sobre la región en disputa con Bolivia que había causado la guerra. Por lo mismo, el gobierno de Aníbal Pinto no tenía mayor interés en proseguir con el conflicto. Sin embargo, los resultados negativos para los aliados habían creado gran agitación social en sus países, resultando en la deposición tanto de Prado en Perú como de Daza en Bolivia. Fueron reemplazados respectivamente por Nicolás de Piérola y por el general Narciso Campero, quien quedó como comandante en jefe de las fuerzas aliadas.

Chile, viendo que los nuevos gobernantes no tenían intención alguna de terminar con el conflicto, comenzó a preparar una nueva campaña, esta vez dirigida contra el ahora departamento meridional de Perú, el de Moquegua.

Dos expediciones son llevadas a cabo entre diciembre de 1879 y febrero de 1880, esta última transportando un contingente de 10.000 efectivos. Sin embargo, no todo era miel sobre hojuelas para los chilenos. Debido a innumerables discusiones con el Ministro Sotomayor, Escala presenta su renuncia indeclinable en marzo. Esta crisis en el mando fue subsanada con el nombramiento del general Manuel Baquedano como comandante en jefe del ejército, debido a que inspiraba mucho respeto y disciplina y era muy apreciado por las tropas.

Bajo su mando, los chilenos obtienen otra victoria sobre los aliados, esta vez en la batalla de Los Ángeles, el 22 de marzo. Luego de esta victoria, el ejército nacional comienza a desplazarse hacia el sur, específicamente hacia Tacna. Luego de una penosa marcha a través de los contrafuertes cordilleranos, los chilenos se encontraban a unos kilómetros de la ciudad para mediados de mayo. El 20 del mismo mes, Chile hubo de lamentar la muerte de uno de sus mejores hombres, el Ministro Rafael Sotomayor, organizador incansable a quien se le debía gran parte del éxito chileno.

En las afueras de Tacna, aguardaban unos 10.500 aliados bajo las órdenes de Campero. En la noche del 25, el enemigo intentó sorprender a nuestro ejército en Quebrada Honda, pero se perdió en la oscuridad de la noche y la camanchaca, perdiendo horas de sueño vitales para lo que acontecería al día siguiente.

El plan de batalla chileno era bastante simple. Consistía en atacar la línea de batalla enemiga uniformemente a lo largo de ésta, para así impedir el envío de refuerzos desde un punto a otro. Baquedano dispuso en la primera línea a las divisiones primera y segunda de los coroneles Santiago Amengual y Francisco Barceló, tras las cuales se formaron la tercera división del coronel Amunátegui y la cuarta del coronel Orozimbo Barbosa. Tras estas unidades estaba la reserva dirigida por el coronel Mauricio Muñoz, mientras que la caballería fue dividida y colocada a ambos costados de la formación.

Campero dividió su frente de batalla en una doble línea dividida en tres sectores, el izquierdo a cargo de Eleodoro Camacho, el derecho dirigido por Lizardo Montero y el centro bajo las órdenes de Miquel Castro Pinto.

Al amanecer del 26, la artillería de ambos bandos inició un estéril fuego cruzado ya que estaban lejos del alcance de sus cañones, y los proyectiles se enterraban en la arena sin explotar. A eso de las nueve de la mañana, la primera línea chilena se dirige al frente, con Amengual marchando contra el sector de Camacho, mientras Barceló hizo lo propio hacia las líneas de Castro Pinto.

Lamentablemente, no se logró atacar simultáneamente las líneas enemigas, ya que Amengual atacó primero haciendo fuego a medida que marchaba su división hacia el frente. Barceló atacó de la misma manera, pero esta descordinación permitió a Campero enviar refuerzos desde el sector de Montero. Se trabó combate entre las unidades mencionadas, disparándose sin cesar. Cuando las divisiones chilenas agotaron sus municiones, se vieron forzadas a retroceder. Quizás siendo este movimiento malinterpretado como una retirada general, Camacho ordenó salir a sus tropas de sus posiciones para perseguir e intentar acabar con las unidades chilenas. Esta acción causó muchas bajas chilenas, pero abandonaron su posición protegida por el talud natural de la meseta, además de que su avance no fue seguido por Castro Pinto, por lo que la línea aliada perdía cohesión.

Baquedano ordena el avance de la división de Amunátegui en apoyo de las unidades en retirada, pero antes, una carga de caballería chilena es repelida, mas logra detener la persecución de los aliados. La artillería chilena hizo el resto diezmando a las ahora desprotegidas tropas.

Campero envía como refuerzo a las unidades élite que tenía, los batallones Colorados y Aroma, los que reanudan el ataque contra las divisiones chilenas faltas de municiones. Pero todo cambiaría con el arribo de la Tercera División y las tan necesitadas municiones, las que permitieron un reordenamiento chileno y la reanudación del ataque sobre los aliados.

Además, la Cuarta División de Barboza se deja caer sobre el debilitado sector de Montero, generando la presión simultánea que se había planeado inicialmente. Ante el empuje y ferocidad del ataque chileno, el centro de Castro Pinto terminó por ceder, fracturando el frente aliado. Entretanto, en el flanco derecho chileno, las divisiones primera y tercera cogieron las adelantadas unidades aliadas en un fuego cruzado que las aniquiló en menos de una hora. Ahora sí que la batalla estaba decidida para las armas chilenas. Barboza toma también el flanco derecho aliado, apoderándose de la artillería apostada en el lugar. La retirada aliada es ahora general, luego de seis horas de tenaz lucha por ambos bandos.

Luego de cañonear la ciudad para evitar emboscadas, el coronel Santiago Amengual entró en la vencida ciudad a las seis de la tarde. Antes, los despojos del ejército boliviano se retiraban hacia el altiplano, mientras que los restos de su símil peruano se retiraba hacia el norte. Bolivia, el causante de la guerra, abandonaba el conflicto para no volver jamás a él, ni acudir en auxilio alguno de su otrora aliado, que quedó abandonado a su suerte. Nueve meses ás tarde, las tropas chilenas marcharían triunfantes por las calles de la Ciudad de los Virreyes
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